San Javier: historia tras historia

*El monumental conjunto de la ex prisión asentado en el Centro de la ciudad de Puebla ha albergado un convento, centro cultural y oficinas gubernamentales

Guadalupe Juárez

Puebla, Pue.- Las torres de vigilancia sobresalen. Por las calles aledañas al lugar se vislumbra la imponente estructura de la exprisión de San Javier, en cuyas paredes se cuentan varios pasajes de la historia.

Ubicada a un costado del Paseo Bravo, San Javier tiene en cada centímetro de esos muros, de los que sobresalen una cúpula y una torre, grabadas memorias que resumen la historia del estado, y la relación entre gobierno e iglesia.

Desde su construcción ya era por sí sola una edificación histórica, al ser la última que haría la Compañía de Jesús, antes de ser expulsados del país. Los Jesuitas formaron parte importante de la vida de Puebla, fueron los encargados de la educación de los indígenas por varios años y de la formación de miles de generaciones de personas.

En 1743, construyeron primero una iglesia, dedicada a San Francisco Javier, por eso el nombre; en 1751 entonces se convirtió en colegio y comenzaron las primeras clases.

Tres años después, se construyó un templo y después de que fueron expulsados, a un costado de los terrenos se asentó un panteón, utilizado en las epidemias de cólera de 1812 y 1813.

También se convirtió en un cuartel y en un hospital militar; en 1840, entonces se convirtió en penitenciaria, que al ser concluida, casi es destruido por los franceses en 1863. Las huellas de las balas que atravesaron esos muros siguen ahí.

En 1864 un sismo dañó las estructuras, de por sí dañadas por haber sido un fuerte de batalla en la ciudad, y así, cayó la única torre con la que contaban. Y entonces nació la prisión, con la inspiración de los centros penitenciarios que comenzaban a surgir en Estados Unidos.

Los arquitectos a cargo fueron Eduardo Tamariz y de Juan de Calva y Zamudio, que se basaron en los trazos de José Manzo, para concluir la obra en 1880, con celdas de hombres y para mujeres, bóvedas, escaleras, oficinas y pabellones.

Así comenzó otra leyenda. Tras esos muros los reos fueron utilizados como conejillos de india y hasta para experimentar con una canasta básica para los pobres.

Ya con Porfirio Díaz como presidente, vio en Puebla a esta prisión de San Javier como un lugar para que científicos y médicos practicaran lo que habían visto en Europa en cuanto a identificación criminal.

Era tal el avance tecnológico que fue la primera penitenciaría en el país que usaba un sistema de vigilancia para los delincuentes. Su marca en la historia no paró ahí. El 1 de abril de 1891 fue el primero en México en abolir la pena de muerte.

En 1984 dejó de ser una cárcel y dio un paso a convertirse en lo que hoy conocemos, un espacio que alberga actividades culturales e inclusive oficinas de gobierno.

En noviembre de 2015, el gobierno estatal instaló un Centro Integral de Servicios, uno de los sitios para realizar trámites como la licencia de conducir o la obtención de antecedentes no penales.

Compartir: